No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que responde mejor al cambio

Nos guste o no, hay que adaptarse al cambio. Pero, ¿todas las personas estamos dispuestas al cambio? Hay de todo. Están quienes se adaptan fácilmente a los cambios, quienes directamente no aceptan el cambio, y quienes, no queriendo cambiar, saben que deben hacerlo.

Primero comencemos con el cambio en uno mismo, y para poder conseguirlo, lo más importante es dedicarse tiempo y cambiar los hábitos del día a día. Tenemos que encontrar un nivel mínimo de insatisfacción que nos conduzca al cambio, deberemos establecer una visión y tomar acciones repetitivas, pero ¡cuidado! que surgirán múltiples resistencias empezando por nosotros mismos además del entorno que nos rodea.

Podremos anticiparnos al cambio, tanto a nivel personal como laboral, pero eso sí, hay que salir de la zona de confort y no inventarnos excusas. Diseña nuevos hábitos, elimina los antiguos, y no rompas la cadena de los nuevos establecidos. No hay que tener miedo, nos podemos equivocar, y hay que tomar ese fracaso como una oportunidad de aprender y de seguir mejorando ese camino por el que un día decidiste hacer algo diferente. Decidiste cambiar.

El más apto no es el más fuerte, ni el más inteligente, es el que más colabora y se conecta con las nuevas condiciones de la vida.

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